Archivos en la Categoría 'Criptozoología de oficina'

05
mar
10

Cuando el gato no está…

Hay un dicho muy viejo que aplica para las oficinas: “Cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta”.

Esto quiere decir que, cuando el jefe no está, los subordinados se relajan… o sea, flojean, o simplemente, dejan de trabajar.

Esto aplica mucho para las organizaciones tradicionalistas, donde todos trabajan para servir a un jefe.

Cuando la organización es más moderna (o más inteligente, vaya), y los grupos o equipos de trabajo son encabezados por líderes, la cosa cambia, porque en lugar de ratones y gatos, se asemejan más a una manada, en la que hay uno que guía a todos hacia la meta y todos se cuidan entre sí.

La mayoría de los jefes (o sea, los que son obedecidos por temor o conveniencia pero no por convicción) cree a pie juntillas que si ellos no están presentes sus subordinados haraganean plácidamente (trad: echan la hueva).

Esto es muy cierto, pues una vez que desaparece la fuente del estrés, es normal que todos busquen relajarse y se incrementen los coffee-breakes y los güiri-güiri-breaks.

Lo triste (y que los jefes-gato no aceptan o no les cae en la cabezota) es que sin ratones, el gato morirá de hambre.

Por lo mismo, empresas piteras y sin trascendencia como Google o Pixar son verdaderas manadas que, incluso tienen tiempos dentro del horario laboral dispuestos para el relax. Incluso hay quienes tienen cuartos con sillones y audio para que los colaboradores (nótese que no uso la palabara subordinado!) se echen un coyotito pa’ recuperar juerzas y creatividad y trabajen con más enjundia.

Se las dejo de tarea a todos los jefes pa’ que les caiga el veinte y a los líderes pa’ que no se les olvide.

Saludos!
NecroDaddy.

25
feb
10

Trabajo o Placer

Chiste que me envió mi amiga Lu…

Está el director de una gran empresa en su despacho, sin nada que hacer. Se pregunta si el hacer el amor con su mujer es trabajo ó placer.

Llama al Subdirector General y se lo plantea:

- ¿Hacer el amor con mi mujer es trabajo o placer?.

El Subdirector responde:

- Pues no lo sé, tendría que estudiarlo.

El Director le da una hora para responder. El Subdirector General va a ver al

Gerente de Recursos Humanos y le pasa la pelota:

- Que el Director haga el amor con su mujer ¿es un acto de trabajo ó de placer?

El Gerente, entretenido en no hacer nada, le responde que no lo sabe. El Subdirector le dice que tiene 45 minutos para averiguarlo. El Gerente de Recursos Humanos le traslada la pregunta al Gerente de Sistemas, que estaba muy ocupado peleándose con la máquina del café. Pero él tampoco sabe la respuesta.

Al final le llega la pregunta al empleado de mas bajo nivel, que tiene la mesa llena de expedientes, listas de asistencias que enviar, valoraciones que realizar… en fin, tapado hasta la madre de trabajo por hacer. Su jefe le dice que tiene cinco minutos para decirle si el hecho de que el Director General haga el amor con su mujer es trabajo ó placer.

Sin levantar la cabeza, el empleado responde inmediatamente:

- Es placer.

Su jefe, intrigado por la rápida respuesta, le pregunta como ha llegado tan rápidamente a esa conclusión..

- ¡PORQUE SI FUERA TRABAJO, SEGURO QUE ME LA PASAN PARA QUE ME LA COJA!!

C’Ya!
NecroDaddy

21
ene
10

La ronda de las promesas sin cumplir

Todos, en algún momento de la vida, hemos hecho algo a cambio de una promesa.
En el matrimonio, por ejemplo, es la promesa de la vida juntos “hasta que la muerte nos separe”, se siempre fieles, y amarnos el uno al otro en las buenas y en las malas.
Cuando niños, subíamos el promedio de las calificaciones por la promesa de un premio espectacular, “si conviertes ese 7 en un un 9, te llevo a ver El Retorno del Jedi al cine…” (nótese el anacronismo!).
Cuando elegimos carrera lo hacemos con la promesa de marketing de la universidad “los egresados de esta carrera son gente exitosa” y los amigos que estudian ahí “está poca madre!”.
Cuando entramos a trabajar es la promesa del sueldo, la proyección profesional, los bonos, las comisiones, etc..
Pero, ¿que pasa cuando una promesa no se cumple?
Primero que nada, viene la decepción… un horrible sentimiento de “me traicionaste” nos invade y, de repente, todo pierde sentido. Basta con mirar la cara de un niño cuando le decimos que “siempre no vamos a ir al cine el fin de semana porque tengo mucho trabajo”. Los ojos como platos, la mirada al suelo, las lágrimas a punto de salir, pero, principalmente, ese sentimiento de corazón roto que hace que nada más importe porque papá (o mamá) me mintió.
Pero nadie nos salva de sufrir estas decepciones que nos hacen más fuertes cada día. Todos en algún momento las hemos padecido. Yo, por ejemplo, puedo contar que mis padres me incumplieron muchas promesas y, en su época, sentí hasta ganas de morirme. La universidad me prometió que entraba a la “carrera del futuro”, pero nunca me dijo que el futuro ya había pasado y de eso hacía tres semestres.
En mi trabajo, promesas de bonos y comisiones que nomás no llegan, lo cual, cabe señalar, es práctica común en estos días de los pseudo-empresarios mediocres que piensan que los empleados deben ser leales y estar eternamente agradecidos por tener chamba.
Y así nos la podemos llevar y no acabar nunca la lista…
Como mi promesa incumplida de mantener acutalizado este blog (pero estoy seguro que mis tres lectores no se han frustrado por ello ¿verdad?).

La cosa es ¿que sigue? ¿como se reacciona ante una promesa incumplida con esperanzas, credibilidad y confianza rotas?

Saludos!

NecroDaddy

28
jul
09

Vamos Equipo!

¿Qué onda, chamacos?
Acá yo con el run-run de una idea que me ha estado haciendo un remolino en la cabeza desde hace un par de semanas.
Resulta que me he dado cuenta, o mejor dicho, he asimilado que nuestro principal problema como sociedad es la falta del sentido de equipo.
Neta. No somos un equipo como lo son los alemanes, o los japoneses, o los gringos.
Los mexicanos somos muy afectuosos y muy cálidos, si. Pero no estamos unidos como pueblo.
Simplemente no lo estamos. Cada quien jala agua para su molino y le vale merga lo que le pase al vecino.
Y cuando las cosas salen mal, la culpa es del gobierno, de Felipe Calderón, del senado, de los diputados, de la iglesia católica, del sistema vale-madre de educación que tenemos, del pinche IFE que nos inundó de comerciales la tele, de Azcárraga y Salinas que nos apendejan con sus programas de tele… en fin, la culpa es tuya y no mía.
Y nos tiramos caca que da gusto: que “pinches chilangos”, “pinche regio”, “pinche jalisquillo”, “charrito montaperros”, “pinche indio pata rajada” y un muy largo etcétera.
En la chamba, por poner un ejemplo, nunca falta el wey que no necesita ayuda de nadie, o el que le tira a todo y a nada le pega, o el que esconde información, o el que le besuquea el asterisco al jefe. Pero no hay quien aproveche o encauce las características (incluyendo los defectos) para sacar a flote a la empresa/institución. ¿Cuantas veces no hemos oído el famoso “hago como que trabajo mientras ellos hacen como que me pagan”?. He ahí la bronca manifiesta: yo y ellos (si, el burro por delante) y no un nosotros.
Y el chiste no es echarle la culpa al pendejo del jefe o al lambiscón del gerente de operaciones, ni al mamón presumido de marketing, ni a los pinches empleados que no sirven (según el jefe). El chiste es encontrarle sentido al “nosotros” laboral. A que todos somos parte del capital humano, desde la doña que limpia, hasta el socio mayoritario. Semos gente, pues!
Hay muchos engendros engreídos, abortados de ciertas universidades privadas ultra caras, que dicen que “uno debe fusionarse con la empresa”, en español, esto significa que la empresa es parte fundamental de tu vida… vives para, por, con, desde, bajo (y un buen de preposiciones más) la empresa. Tu razón de vivir es la empresa. Tu única motivación es la empresa.
Otros, en cambio, piensan que es un negocio de compra-venta de horas-nalga (u horas-transpiración, según el puesto). Esto es: trabajo porque me pagas, me pagas porque trabajo.
Pos ni lo uno, ni lo otro.
Aplicándolo a los matrimonios: ni nos vamos a ir al extremo de “si no es con mi vieja(o) valgo máuser” o “todo por ella (él) y nada por mí”, ni nos vamos a ir al extremo (que los hay!) de “te aguanto porque me mantienes” o te “mantengo porque aflojas”. Como que suena más gacho ¿no?
La realidad nos la dan los niños: cuando juegan, por ejemplo, a “policías y ladrones”, se hacen dos bandos, ninguno es malo, ninguno es bueno, simplemente uno caza el otro escapa. Nadie se “hace uno” con su grupo, ni está con el grupo porque va a obtener un beneficio, simplemente están en un grupo y van a cumplir un objetivo. Yo no conozco a ningún niño que le pregunten “¿juegas?” y responda “¿Cuánto me vas a pagar?”. O ¿cuando han visto a un niño que no vaya a comer o al cine o por terminar el juego de “policías y ladrones”?
Si en realidad comprendiéramos que todos somos parte de una maquinaria (TODOS, hasta Felipe Calderón!) y que el objetivo es la grandeza de nuestro país, quizá, algún día, este país progrese. Quizá ese día, ya no se nos pida visa para entrar a Canadá. Quizá ese día dejen de dibujar a los mexicanos como rancheros bigotones, sombrerudos y huevones a más no poder.
Tal vez, si entendiéramos que TODOS somos parte de la solución y también TODOS somos parte del problema, tal vez, ese día si podamos cantar con justa razón y con conocimiento de causa eso de “para ti las guirnaldas de olivo, para ti los laureles de gloria…”

01
jul
09

Síndrome del Ladrillo

Chamacos, retomando mis pláticas de Criptozoología de oficina, les voy a contar una historia vividas desde lejos.

En una ocasión, hace muchos ayeres, conocí a un monito que, por azares del destino (y del partido político en el poder) fue colocado en un puesto pequeño en el gobierno del estado. Resulta que la dependencia en la que estaba este monito, al que llamaré Nicasio, decidió (no se pa’ que) certificarse con ISO 9002. WOW! y, como Nicasio no tenía nada más que hacer, lo designaron como el auditor interno de calidad. Para no hacer el cuento largo, de un “de repente” Nicasio dejó de ser Nicasio para convertirse en el Lic. Relinchez. El amigo ayudó mucho, si, pero agarró un humor que nadie lo aguantaba. Se empezó a sentir parte fundamental de su dependencia, miró a todos por debajo del hombro, incluso se empezó a comportar muy déspota con los de menor (o igual) rango que el. Cuando se hubo certificado la dependencia, Nicasio, perdón, el Lic. Relinchez, cacareó como si hubiera puesto el huevo más grande de toda la granja, exigió auto, aumento de sueldo y personal para tener a quien mandar.A los pocos meses, el Lic. Relinchez estaba a punto de exigir que todos se refirieran a el como “su excelentísima majestad”, pero, hubo cambio de gobernador, y el primero en la lista de despedidos en la dependencia en la que el era empleado. Duro golpe. La certificación se perdió y no se volvió a tramitar… ultimadamente ¿a quien le importa si una dependencia gubnernamental está certificada o no?

¿Que pasó? Muy sencillo. Lo que le pasó al buen Lic. Nicasio Renlinchez (que por cierto suena a nombre de historia de Catón, jajaja) se llama Síndrome del Ladrillo. Pongámonos claros: un ladrillo o tabique, es un objeto rectángular que se usa para construir muros (si, esa cosa color naranja con la que hacen las paredes) y, en el más común de los casos, mide 10 cms de grueso. Por otra parte, cuando uno sube a alturas impresionantes y mira para abajo, es normal sentir vértigo, mareo o nauseas. Pero ¿que pasa si, estando en el suelo, nos paramos en un ladrillo? Normalmente nada. A gente como Nicasio le da vértigo. Se marea. Pierde el suelo.
Otra vez. El Síndrome del Ladrillo es lo que le pasa a gente que, recibe una encomienda sin mucha importancia, o de trascendencia temporal y se cree que le dieron la silla del ejecutivo nacional. ¿Me explico? De nuez: A mi me ofrecieron un puesto muy importante cuando era práctimante un recién egresado. Me sentí parido por Zeus, o como dice mi amá, la divina garza envuelta en celofán. Ese es el síndrome del ladrillo, pararse en un ladrillo y perder el piso.
Yo creo que todos lo hemos padecido, pero también conocemos una gran cantidad de historias de gente que lo padece por mucho rato.
Saludos y no pierdan el piso…

C’Ya!
NecroDaddy




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